domingo, enero 27, 2008

WHITNEY HOUSTON

A pesar de los esfuerzos del Departamento de investigacion de La Espada En La Piedra, no se han podido obtener datos sobre la fecha de nacimiento de Whitney Houston. Según lo que pudimos averiguar, el hospital africano donde Whitney vino al mundo fue recientemente aplastado por una mandada de elefantes alterados genéticamente por la celulosa. Esto produjo, como el lector audaz ya habrá sospechado, que todos los documentos se hayan perdido en las áridas tierras del peor continente jamás visto.

Pero como nosotros nos la jugamos, afirmamos con total seguridad que Whitney nació entre 1850 y 1990. Fue la quinta hija de una familia acomodada (nunca supe qué quiere decir esa expresión, “familia acomodada”, pero hay que usarla) del norte de Namibia. Cursó sus estudios en la “Escuela para negros con guita” de Windhoek, capital namibia, hasta que tuvo 8 años. En ese periodo conoció a un chico, K ting A, con quien experimentó un fugaz romance. Fugaz porque a los dos meses de conocerse, el desgraciado de K tong A hizo las veces de tentempié de un hambriento tigre.

En 1956, la familia Houston debió emigrar hacia los Estados Unidos, porque querían conocer la electricidad. Aunque al comienzo no fue fácil, la pequeña Whitney se fue adoptando a las costumbres de esta nueva cultura. “A los golpes se aprende”, le dijo alguien, y Whitney agarró un bate de béisbol y se dio como adentro de un gorro. De un gorro grande.

Y funcionó. Primero se hizo cantante, después cantautora, después ganó un Grammy, un Emmy y un Curry. Sus discos fueron escuchados por millones de personas alrededor del mundo (es decir, por el espacio) y dentro del mundo también. Para hacer unos mangos más, incursionó en el cine. Nunca la olvidaremos pegando esos alaridos tremendos en El guardaespaldas, con Kevin Costner. O en El baño del Papa, haciendo de extra. Pero como la mayoría de los artistas, inclusive Claudia Fernández (que es una artista) cayó en el profundo pozo de la droga.

Ya todos sabemos que, en realidad, la culpa de semejante tragedia (canto del macho cabrío) no fue de la inocente Whitney, sino de su entorno, más precisamente, de Guillermo Cópola. Pero, gracia Dio, al poco tiempo logró recuperarse y volver a cantar felizmente.

Whitney Houston, una grande entre los grandes.

martes, enero 15, 2008

ELVIS CRESPO


José Domínguez es recordado por todos nosotros, pasivos espectadores, como “Elvis Crespo”, salvo aquella señorita de 15 años a quien embarazó y abandonó, que prefiere recordarlo como “ese hijo de mil putas”. José Domínguez nació el 30 de junio de 1971, en Nueva York, Estados Unidos. Desde pequeño dio muestras de interés por el canto, y fundamentalmente la danza. Esto le hizo ganarse, en buena ley, el apodo de “Maraca”. Maraca Domínguez pasaba sus tardes levantando quiniela, y escuchando merengue.

Este ritmo musical se apoderó de tal forma del joven José, que a los 17 años emigró a Milán, donde un agente le aseguró que ganaría millones como instructor de baile. Pero las cosas no fueron bien en el antiguo continente, y José no dudó en aceptar la propuesta de su agente de vender su alma al diablo, y el cuerpo a quien pague US$100. Para desempeñar mejor su función, o realizarse, se cambió el nombre. Ahora era Katy.

Derribando cualquier pronóstico Katy no consiguió clientes. Ante semejante fracaso, decidió volver a su tierra natal para intentar cumplir un viejo sueño: grabar un disco.

Se puso en forma, armó las valijas, y se fue para Buenos Aires, en busca de un lugar en Bailando por un sueño. Pero según le informaron ya no había parejas para hombres, sólo quedaba lugar para una mujer. Como Katy era hombre de armas tomar, no lo dudó, se tiñó el pelo de amarillo vedette uruguaya barata, se puso los tacos y se presentó al casting femenino. Lamentablemente ya era demasiado tarde. Acababan de elegir a Abigail Pereira.

Tuvieron que pasar muchos años para que Katy recupere su autoestima, y se enfrente a un nuevo reto. Consiguió el apoyo de un amigo, de un tío, del nuero del mozo que lo atendía siempre en la pizzeria del barrio y puso en marcha sus mecanismos cretivos para grabar un disco. Pero claro, antes debía cambiarse el nombre. Entonces, agarró dos baldes. En uno, puso papelitos con nombres de pila inscriptos, y en el otro, apellidos. El azar, que a veces obra de maneras misteriosas, hizo que Katy Domínguez se transforme…Elvis Crespo.

Todo estaba pronto, y en 1998 salió a la venta el primer corte: “Metemelo Suavemente”, un titulo bastante sugerente. Al segundo disco le puso, con un poco más de cautela, “Píntame”.

El dinero, la blanca mujer, o vaya a saber uno qué, terminó de pervertir a ese despreciable ser llamado Elvis. Abocado a la pornografía, tituló a su último disco “Saboréalo”. Este trabajo recibió muy buenas críticas, incluso un reconocido periodista no dudó en afirmar que era “delicioso”.

Hasta aquí, todos los documentos y testimonios que he podido recoger para elaborar este artículo, fueron coherentes. Pero luego de 2004, las versiones sobre cuál fue el destino de Elvis, son contradictorias.

Algunos aseguran que murió luego de que un perro le mordiera una nalga, y la infección se propague por todo el cuerpo. Otros dicen que está preso, en una cárcel de Polonia, por tráfico ilegal de monos. También me han llegado versiones de que, en realidad, está en una isla desconocida, junto con Yabrán y Hitler. Yo creo que es el Pato Celeste.

Elvis Crespo, un grande entre los grandes

sábado, enero 05, 2008

RENÉ HIGUITA

René Artigas Higuita nació en 1966, en Medellín, Colombia, en el seno (para que no digan que soy ordinario) de una familia muy humilde. Debe sus nombres a dos grandes de la historia como fueron José Gervasio Artigas y René Descartes. En ese orden. Los primeros años de su vida, se dividieron entre la venta de jazmines en los semáforos y la confección de cometas con colas que, según allegados, median 30 metros de largo.

Todo fue muy monótono en aquella aldea donde convivía con su padre, Airton, un cocalero venido a menos, una novia de su padre, otra novia de su padre, otra novia de su padre, sus ocho hermanos y un tucán.

René fue el fruto de una fugaz relación entre un aduanero del pueblo y la señora Maria Dioselina Higuita. Al tiempo, la generosamente obesa, y no menos anciana, Maria Dioselina se casó en segundas nupcias con Airton, el ser al cual René, hasta el día de hoy, le dice “papá”. Vale decir que también hasta el día de hoy, por ignorancia o por resignación, Airton le dice “hijo” a René.

El joven René creció sin ser consciente de estos dramas familiares, preocupado solamente por cumplir su sueño: ser jugador de fútbol. Fue así que desde el 23 de enero de 1970 hasta el 4 de marzo de 1980 René Higuita participó de cuanto cotejo futbolístico hubo en Medellín. Durante todo ese tiempo, sus compañeros de equipo no le dejaban salir del puesto de golero, basados en las pruebas empíricas del escaso talento que el joven René desplegaba en todas las demás posiciones.

Dicen que fue en aquellos duros, pero prósperos, años que adquirió la tenacidad necesaria para ser guardameta, goalkeeper, guardavalla, arquero, golero, cancerbero, portero, ascensorista, o como se diga.

Un buen día (y no era José Arcadio, precisamente) Paco Casal pasa en auto y se detiene en una esquina para charlar con un muchacho, moreno él, que vendía jazmines. Sí, señor, sí, señora, era René.

Paco lo contempla por unos segundos y le dice: “Botija, subite al auto. Vos tenés condiciones”.
Ese fue el comienzo de la extensa y exitosa carrera de René Higuita como asistente de cámara en Sábados Fatales. Pero no todo acaba aquí. Otro buen día, Juan Ramón Carrasco le dice a Paco: “Amistá, necesito un golero”. Y ahí Paco se iluminó. Llamó a René y le dijo: “René, vas a atajar en River”.

De River pasó al Chelsea, del Chelsea al Milan, del Milan a Peñarol y ahí se hundió su carrera para siempre. “Cosas que pasan”, le dijo Julio Mozzo, y se fueron los dos juntos a tomar unas copas.

Lo último que se sabe de René Artigas es que una vez más Paco Casal lo habría llamado, en esta oportunidad, para que integre el panel de Kapos.

René Higuita, un grande entre los grandes.