Bob Dylan también lo sabe, pero Bob es muy discreto, no dice nada
Muchos de ellos esperaron diez años para ver a un gran cantante. Otros fueron por invitación o moda. Yo ni lo uno ni lo otro. Esperé toda mi vida por sentir lo que, supongo, la gente siente en la preadolescencia. No sólo ser fanático de un músico, o una banda. No sólo tener todos los discos. No sólo ir a todos los recitales. No sólo tener camisetas con su cara. No sólo escribir su nombre con aerosol en las paredes de las casa de la ciudad. Yo esperé toda mi vida por un músico con el cual identificarme, alguien que comprenda el mundo con una óptica más o menos parecida a la mía (en el acierto o en el casi error), o mejor aún, alguien que sienta (de sensibilidad) el mundo con un corazón más o menos parecido al mío.
Hace algunos años estaba sentado en la mesa del comedor con mis primos y un tío. Mi prima dijo: “Hay uno de los Calamaro que es bueno. No sé cuál de los dos, pero hay uno que es tipo un crack, y tiene canciones re buenas. Es el de esa, Sin documentos, Mi enfermedad, Te quiero igual, esas canciones re lindas”. Intervine: “Ese es Andrés. Después está el hermano, que es Javier, que es bueno también, pero no tanto”. Cuando terminé el postre (una manzana), me fui caminando a mi casa pensando en que, por ahí, ese tal Andrés Calamaro, del cual sólo conocía un par de temas, verdaderamente podía ser bueno. ¿Por qué no?
Salteando varios pasos, un buen día escuché Media Verónica (Alta Suciedad). Ese era un llanto como el mío. Una serie de palabras que no comprendía del todo, de sonidos que no me eran tan armoniosos, pero que me hacían vibrar por dentro. A mucha gente le pasa eso cuando escucha música clásica por primera vez. Bueno, fue algo así, como que algo despertaba, que florecía. Que había tierra a la vista.
Calamaro se transformó de a poco en aquel referente, en aquella pieza del rompecabezas adolescente que no encontraba en ningún cajón, debajo de ninguna media. Ese “yo poeta” en potencia, en una potencia que no se concretaría jamás, y eso era lo atractivo. De pronto me di cuenta de que, muchos años antes incluso de que yo naciera, un joven argentino tocaba el mundo con mis mismas manos. Y que todo este tiempo había estado ahí, esperando, agazapado. Esperando no sé qué, ni porqué, pero estaba esperando.
Calamaro compuso la banda sonora de mi vida. Yo creía que la había hecho absolutamente consciente de mi existencia, y de los pasos que daba, para no errar un solo acorde. Pero resulta que no, que millones de personas en todo el mundo sentían (y vuelvo a lo mismo) el mundo como yo. Gente con vidas tan distintas a la mía, incluso la vida de Calamaro era tan distinta a la mía. Gente con gustos, con almas, con costumbres quizá opuestas. Pero sin embargo, todos ellos (digo, nosotros) sentíamos el mundo de la misma manera. Que, en una de esas, todos cargábamos en nuestra alma con una parte de lo mismo. Que a todos nos desgarraba (y no sólo no exagero, sino que pido un minuto al lector para que comprenda bien la intensidad de lo que describo) gritar en el Charrúa, con los brazos extendidos para hacer más explícito el dolor: “No te preocupes, Paloma”.
Lo fantástico de aquella noche es que no estábamos solos: estaba él ahí. Estaba Andrés Calamaro, quien también mostraba cómo le dolía, cómo se desgarraba al recitar: “No te preocupes, Paloma”. Por primera vez lo pude VER retorcerse, gemir, pude sentir su dolor, que siempre había sido sonido y ahora era también imagen. Imagen en vivo, en tiempo real, a diez metros.
Hace algunos años estaba sentado en la mesa del comedor con mis primos y un tío. Mi prima dijo: “Hay uno de los Calamaro que es bueno. No sé cuál de los dos, pero hay uno que es tipo un crack, y tiene canciones re buenas. Es el de esa, Sin documentos, Mi enfermedad, Te quiero igual, esas canciones re lindas”. Intervine: “Ese es Andrés. Después está el hermano, que es Javier, que es bueno también, pero no tanto”. Cuando terminé el postre (una manzana), me fui caminando a mi casa pensando en que, por ahí, ese tal Andrés Calamaro, del cual sólo conocía un par de temas, verdaderamente podía ser bueno. ¿Por qué no?
Salteando varios pasos, un buen día escuché Media Verónica (Alta Suciedad). Ese era un llanto como el mío. Una serie de palabras que no comprendía del todo, de sonidos que no me eran tan armoniosos, pero que me hacían vibrar por dentro. A mucha gente le pasa eso cuando escucha música clásica por primera vez. Bueno, fue algo así, como que algo despertaba, que florecía. Que había tierra a la vista.
Calamaro se transformó de a poco en aquel referente, en aquella pieza del rompecabezas adolescente que no encontraba en ningún cajón, debajo de ninguna media. Ese “yo poeta” en potencia, en una potencia que no se concretaría jamás, y eso era lo atractivo. De pronto me di cuenta de que, muchos años antes incluso de que yo naciera, un joven argentino tocaba el mundo con mis mismas manos. Y que todo este tiempo había estado ahí, esperando, agazapado. Esperando no sé qué, ni porqué, pero estaba esperando.
Calamaro compuso la banda sonora de mi vida. Yo creía que la había hecho absolutamente consciente de mi existencia, y de los pasos que daba, para no errar un solo acorde. Pero resulta que no, que millones de personas en todo el mundo sentían (y vuelvo a lo mismo) el mundo como yo. Gente con vidas tan distintas a la mía, incluso la vida de Calamaro era tan distinta a la mía. Gente con gustos, con almas, con costumbres quizá opuestas. Pero sin embargo, todos ellos (digo, nosotros) sentíamos el mundo de la misma manera. Que, en una de esas, todos cargábamos en nuestra alma con una parte de lo mismo. Que a todos nos desgarraba (y no sólo no exagero, sino que pido un minuto al lector para que comprenda bien la intensidad de lo que describo) gritar en el Charrúa, con los brazos extendidos para hacer más explícito el dolor: “No te preocupes, Paloma”.
Lo fantástico de aquella noche es que no estábamos solos: estaba él ahí. Estaba Andrés Calamaro, quien también mostraba cómo le dolía, cómo se desgarraba al recitar: “No te preocupes, Paloma”. Por primera vez lo pude VER retorcerse, gemir, pude sentir su dolor, que siempre había sido sonido y ahora era también imagen. Imagen en vivo, en tiempo real, a diez metros.
Ese era el modo de sentir el mundo. Que ya no era MI sentir, ni siquiera era MI mundo. Era el sentir de 18 mil personas, tangibles, y el mundo real.

17 repercusiones en el vestuario visitante:
¡Glup! ¡Qué susto! La próxima vez que te desnudes, usa una toallita o algo...
Abrazo (cuando te vistas).
Ja. Qué tema. Pensé y repensé mucho antes de publicar esto. Pero bueno, al fin y al cabo, así nos trajo Dios al mundo, ¿no?
Por ahí fue un giro muy brusco, un exceso de exhibicionismo.
Wow. Nunca esperé un post de este tipo, Preso. Estoy anonadada. Ojo, me emocionó un montón. Sobre todo lo de "No te preocupes, Paloma". Me gusta saber cómo arrancaste con el vicio.
El título de este post es GLORIOSO.
Una anécdota: yo salgo, con 6 años de edad, en el video de 15 de mi hermana cantando Sin documentos. Es muy premonitorio.
Escucha a Pink Floyd
Preso: no te conozco y no me conoces, pero me recomendaron este blog y, la verdad, lo aplaudo (al recomendador).
Dicrepo profundamente en un punto: el'concierto' de Calamaro dejo mucho que desear. Admito que, a diferencia de vos, no soy gran fanatico de su musica paloma y repetitiva, con letras sin sentido (puede que me falte sensibilidad o inteligencia. Ademas me molesta muchisimo como habla y se mueve. Pero bueno. Alla uds...
Lo que si me indigna es el aburrimiento del uruguayo. Capaz que era porque no estaba en el campo, con los agitadores, pero me sorprendio ver que la gente ni se movia. Sentados en la tribuna, movian solo la cabeza al compas del bombo. Mas de uno con ganas de saltar y moverse, pero la absurda y odiosa verguenza, no les permitia moverse de sus sitios.
Excelente blog. Espero con ansias el proximo post. Un abrazo y felicitaciones por la forma tragi-comica de ver el mundo.
Don Anónimo: No salgo de mi asombro. Si encuentra el trabajo de Calamaro como "música paloma y repetitiva", no le encuentra el sentido a sus letras y, no conforme con eso, declara odiar su forma de hablar y de moverse, ¿Qué estaba haciendo en la tribuna?. ¿Será que fue a ver a Dani Umpi y creyó que el telonero venía después?. Vaya a verlo a la Sala Zitarrosa, Don, que le va a salir más barato.
Bloody: Realmente premonitorio. Un beso.
Arkadia: Según me explicó mi amigo Gustavo Saenz, la gente cree que Pink Floyd es genial, pero no sabe que los Beatles hacían eso mucho antes.
Igual no creo que sea razón para desechar tu propuesta. Un beso.
Anónimo: Es cierto. El tema de la quietud del uruguayo es un asco. Es lo que tenemos, y seguramente vamos a seguir así por muchos años. Yo creo que nos falta cultura del ridículo. Reirnos de nosotros mismos por más doctores que seamos los lunes de mañana. A mí me da asco, pero es lo que hay.
En el campo, adelante, hubo bastante agite.
Gracias por las palabras.
Dinamo: ¿Qué le diríamos a un fan de Emanuel Ortega? Sobre gustos no hay nada escrito. Y como digo yo todas las veces que discutimos sobre el tema en las tabernas del mundo, "la magia es subjetiva". Igual deberíamos ver si este es un caso de magia o de asuntos musicales objetivos.
Abrazo.
Todo para decir que es amigo de Gustavo Saenz
Me siento obligado a contestar. Fui de curioso. Y mas alla de todo lo que podamos decir de Dani Umpi, (que me parece un mamarracho y no tenia nada que hacer ahi, con Calamaro), el otro dia lei una entrevista de el y la tenia bastante clara. Una inteligencia y sagacidad que me sorprendio.
Dani Umpi es un salado. Lo que pasa que no va con el público de Calamaro, está claro. En Argentina es bastante respetado, incluso publicó un par de libros que acá ni se oyeron, prácticamente.
Lean la entrevista a Umpi de la revista Bla (no sé si fue esa la que leyó, Sr. Anónimo), que pueden cambiar radicalmente su visión. O al menos hacer el intento.
P.D. Aclaro que a mí no me gusta la música de Dani Umpi. Sólo me parece un showman bastante divertido, del que me banco un par de canciones con mucho entusiasmo y nada más. Fue valiente al aparecerse en el Charrúa.
Bloody
me deja sin palabras...será mejor así
en cuanto a Dani Umpi, pienso que es un fenómeno similar al de calle 13, ambos son una bosta pero la treta publicitaria y el inconsciente colectivo dicen que mejor decir que son algo bueno por si realmente alguien que sabe de música opina eso...
en mi franca opinión, Dani Umpi es similar a poner un asco (ajco en Uruguay) en el escenario...visualicen un ajco como lo deseen aunque siempre va a volver la imagen de Daniel.
Por cierto, para los curiosos del Charrúa en Campo VIP la gente coreó a lo largo de todo el concierto olé olé olé Daniel Daniel...
Que amargos los uruguayos, decir que yo solamente nací en Uruguay...
por cierto, me ppresraría el Lou Bizarro que me está faltando...
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Bueno la verdad me encanto lo q lei, me impacto el titulo el cual es genial.. la verdad no pude ir a ver a calamaro aunq me gusta mucho no soy fanatico tampoco voy a exagerar jeje si fui a ver a dylan y se corrio el rumor de q calamaro estaria de invitado y me habia emocionado ya q como mencione antes no habia poderlo ir a ver pero no me desilucione al ver q habia sido solo un rumor, q joder, estaba viendo al poeta del rock, dylan es dylan y lo volvio a demostrar.
Dylan fenomenal, un monstro, Dylan es el rock y el folk
Aerolíneas Anonetoy anuncia el arribo de sí mismo a las canchas blogeras.
(Y recomienda leer El Regreso. Preso entenderá).
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