lunes, noviembre 26, 2007

Mecanismos de defensa

Como ya he dicho, citando a mis intelectuales tíos, este es un país de cornudos. Y, como buen habitante de este país, soy cornudo. Por eso voy a escribir este post sobre la Fiesta de la Equis (pues se pronuncia “equis” y no “cs”), sobre este popular evento que me ha tenido como participante en más de una ocasión. Le pese a quien me pese.

La Fiesta de la Equis es una de las peores experiencias que un ser humano puede experimentar en la vida. Para llegar a esa conclusión, hay, nada más, que poner las cosas en la balanza. En esa balanza que luce orgulloso nuestro Escudo Nacional. (Las malas lenguas dicen que, en realidad, está más orgulloso del Cerro cerro).

Primero que nada tenés que sacar la entrada como dos años antes porque si no te cuesta trescientos mil pesos. Pero ojo con enfermarte, o morirte, porque una vez que compraste la entrada tenés que ir. Yo, en mis años mozos, cuando iba a esta fiesta pedorra, la semana antes trataba de no salir de casa, y si lo hacia, procuraba llevar un par de buzos, bufanda, medias de lana y un tapabocas, no sea cosa que me pesque un resfriado o que me entre el humito de Botnia a los pulmones. Además, reforzaba el tratamiento preventivo enchufándome medio litro de Actimel y seis tubos de Redoxón.

Y tanto esfuerzo para nada. Porque la Fiesta de la Equis, es siempre una decepción. No hay que caer en las viles mentiras (primas de Cruela) de las personas que dicen: “¡Fa, no sabés cómo estuvo! ¡La rompió!”. Se trata simplemente de los mecanismos de defensa que tenemos todos los seres humanos, y que, en este caso, funcionan autoconvenciendo al hombre de que no malgastó su dinero.

Cuando te digan: “Cómo la rompió Kanela y su baracutanga”, interpretá que todo lo demás fue un embole. Que el pobre diablo, cumpliendo con los principios del compañerismo, se tuvo que bancar a doscientos grupos que detesta. Siempre en la retaguardia del público, observando sin comprender la locura exacerbada de los espectadores, acercándose a la hipotermia y con un cansancio pédico intolerable.

Otra mentira es que la Fiesta de la Equis es la “fiesta de la diversidad cultural”. Qué grosería, hablar de diversidad cultural sólo porque la gente no se agarra a las trompadas…
Diversidad cultural, la propia diversidad cultural, está en el Parlamento, donde un oligarca puto y un tupamaro pueden intercambiar ideas pacíficamente. Eso es diversidad cultural. Tener a Fabián Carini y a Sebastián Abreu en un mismo equipo, eso es diversidad cultural.

sábado, noviembre 10, 2007

Acá, en la lucha (literalmente)

Al fin se acabaron las alcahueterías. Al fin comenzó la guerra. Por eso yo voté a Tabaré. Porque sabía que detrás de ese pastorzuelo demagogo y mentiroso se escondía una vil criatura. Porque sabía que detrás de ese estetoscopio (o aquel) y los guantes blancos, esperaba ansioso un político raso, de esos de cinturón provisto de armas de destrucción masiva, como el discurso, la buena presencia y traje gris de empleado pobre.

Este es el Tabaré que todos queremos. Este es el cambio. Desechemos el: “Ni vencidos ni vencedores”. Es momento de: “Aplastemos a los vencidos”. Y si para eso hay que hacer la gran directiva de Nacional con Daniel Carreño, no importa. Si hay que llamar a las 12 de la noche y decirle “Bo, habilitáme la planta ya. Porque el cajetilla este de Kitchenette, o como mierda se llame me tiene las pelotas por el piso”, se llama.

En el medio de todo esto está el Rey de España, personaje al pedo en el mundo, si los hay. A mi me gustaría ser rey. El único mérito que uno debe hacer es nacer en la familia real. Después, todo es palacio, banquete y caprichos saciados. Es una vida regalada. Es como ser hijo de un periodista deportivo, pero más fácil, porque no hay que mirar los partidos por televisión ni nada.
Esa es la actitud, Tabaré, máximo indígena, es esa. Hay que tirar el respeto por la borda, junto con todas esas mentiras que nos han incrustado en nuestra idiosincrasia. Es el momento de rebelarnos, de decirle NO a Susana Giménez y mirar cómo Abigail Pereira se implanta un par de senos. Desprendernos de la cultura porteña, de Gardel, de China Zorrilla y de Victor Hugo Morales. Es el momento no sólo de instalar tropas en los puentes sino de darles la orden de disparar a todo lo que se mueva. Y si en una distracción (o no) se la liga Gargano, mejor.

P.D: La televisión de fondo. Escucho una voz extraña, afectada. Dice algo como “Te necesitamos, tenés que estar”. Pensé que era algún niño de los de la Teletón, promocionando el evento. Pero no, era Milton Wynants vendiendo bicicletas).