Mecanismos de defensa
Como ya he dicho, citando a mis intelectuales tíos, este es un país de cornudos. Y, como buen habitante de este país, soy cornudo. Por eso voy a escribir este post sobre la Fiesta de la Equis (pues se pronuncia “equis” y no “cs”), sobre este popular evento que me ha tenido como participante en más de una ocasión. Le pese a quien me pese.
La Fiesta de la Equis es una de las peores experiencias que un ser humano puede experimentar en la vida. Para llegar a esa conclusión, hay, nada más, que poner las cosas en la balanza. En esa balanza que luce orgulloso nuestro Escudo Nacional. (Las malas lenguas dicen que, en realidad, está más orgulloso del Cerro cerro).
Primero que nada tenés que sacar la entrada como dos años antes porque si no te cuesta trescientos mil pesos. Pero ojo con enfermarte, o morirte, porque una vez que compraste la entrada tenés que ir. Yo, en mis años mozos, cuando iba a esta fiesta pedorra, la semana antes trataba de no salir de casa, y si lo hacia, procuraba llevar un par de buzos, bufanda, medias de lana y un tapabocas, no sea cosa que me pesque un resfriado o que me entre el humito de Botnia a los pulmones. Además, reforzaba el tratamiento preventivo enchufándome medio litro de Actimel y seis tubos de Redoxón.
Y tanto esfuerzo para nada. Porque la Fiesta de la Equis, es siempre una decepción. No hay que caer en las viles mentiras (primas de Cruela) de las personas que dicen: “¡Fa, no sabés cómo estuvo! ¡La rompió!”. Se trata simplemente de los mecanismos de defensa que tenemos todos los seres humanos, y que, en este caso, funcionan autoconvenciendo al hombre de que no malgastó su dinero.
Cuando te digan: “Cómo la rompió Kanela y su baracutanga”, interpretá que todo lo demás fue un embole. Que el pobre diablo, cumpliendo con los principios del compañerismo, se tuvo que bancar a doscientos grupos que detesta. Siempre en la retaguardia del público, observando sin comprender la locura exacerbada de los espectadores, acercándose a la hipotermia y con un cansancio pédico intolerable.
Otra mentira es que la Fiesta de la Equis es la “fiesta de la diversidad cultural”. Qué grosería, hablar de diversidad cultural sólo porque la gente no se agarra a las trompadas…
Diversidad cultural, la propia diversidad cultural, está en el Parlamento, donde un oligarca puto y un tupamaro pueden intercambiar ideas pacíficamente. Eso es diversidad cultural. Tener a Fabián Carini y a Sebastián Abreu en un mismo equipo, eso es diversidad cultural.
