lunes, octubre 29, 2007

Victoria (Cristina) y Soledad (Azucena)

-¿A quién va a votar?
-A Lavagna.
-¿Por qué?
-Porque está entre los tres que no son Cristina.

Cuando me preguntan qué es la democracia, digo: “El mecanismo mediante el cual un montón de influenciables desean enardecidamente que alguien cobre un sueldo mil veces superior al de ellos”. Sin embargo, mis amigos de la Real Academia Española se dejan llevar por los delirios aristotélicos. Allá ellos.

En La Espada En La Piedra creemos en la expresión popular, sin importarnos si los que votan están o no capacitados, y por eso contamos con una consultora privada que lleva adelante (o atrás) inteligentes encuestas. La más reciente daba cuenta de quién debería ser el nuevo Director Técnico de la desteñida Celeste.

La gran ganadora fue Azucena Berruti (10 votos), que hasta último momento debió batallar duramente con Abigail Pereira (9 votos). No muy lejos quedaron el resto de los participantes. Julio Sánchez Padilla, El Peluca, Eunice Castro y Leonardo Lorenzo quedaron empatados con 7 votos (casi tantos como Javier García en las últimas municipales). Y más atrás quedaron Dani Umpi y “el dueño del fútbol”.

¡Por Dios! Nunca creí que iba a escribir un párrafo tan bizarro. Y viene más.

Lamentablemente Azu (así le decimos en la intimidad) no tiene una voz lo suficientemente potente como para dar órdenes, y rechazó el cargo. Por lo que llamamos a Abigail “cómo estoy currando” Pereira, quien también rechazó nuestra propuesta porque se va a meter en Gran Hermano Famosos II, que promete tener tan poco éxito como su anterior edición.
Fue entonces que salimos a por Sánchez Padilla, pero estaba muy preocupado planeando una dictadura militar. El Peluca puso como condición que sólo jueguen jugadores de Cerro, propuesta que no nos convenció. Cuando llamamos a Eunice, nos dijo que ella no podía dirigir a Uruguay porque era hincha de Peñarol, y no está bueno trabajar para otro cuadro. A Leo Lorenzo lo llamamos, pero le pusimos como condición que mientras se duchen los jugadores mire para otro lado. No aceptó.

Por su parte, Dani Umpi no sabe lo que es el fútbol, y Paco tampoco. Sólo sabe lo que es la plata. Visto lo cual, nos hemos quedado sin candidatos al prestigioso cargo de D.T. Muy pronto realizaremos otra consulta popular para indagar sobre otros posibles postulantes. Mientras tanto, a seguir gozando de los privilegios de vivir en democracia. Como votar en los Centros Comunales Zonales, y elegir si plantamos un árbol o arreglamos la vereda.

lunes, octubre 22, 2007

No estaba muerto, estaba de parranda


Muchos fueron los rumores que corretearon por las calurosas calles de La Espada En La Piedra sobre la supuesta falta de señales vitales en El Preso Crático. Pero era mentira. Una mentira tan atroz como que el Pato Aguilera se operó tres veces la nariz para ocultar los perjuicios de su amor a la “blanca mujer”, como diría el talentoso “Potro Rodrigo” (Que Dios lo tenga en la gloria). Una mentira gigante, como esa que dice que en Uruguay no hay dengue. Por cierto, ya volvieron los tiempos de los mosquitos y los paranoicos que, como yo, creen ver el Aedes aegypti en cada mosquito mediocre.

El Preso Crático tuvo un vacío intelectual, o todo lo contrario, se le llenó demasiado el intelecto. No es claro, pero las altas temperaturas, como todos sabemos, no le hacen bien. Y como se veía venir su extinción, redactó esta breve nota. En realidad no es tan breve pero resulta muy difícil separar el adjetivo “breve” de la palabra “nota”:

Estimado, y polémico, Gustavo Escanlar,

La cosa, como usted bien sabe, está que no da para más. En este país a los exitosos nos cortan las patas, si no mirá a Darío Silva. A Claudia Fernández le cortaron otra cosa, el cerebro, y se terminó yendo, en busca de los Buenos Aires. En cambio a Valentierra le cortaron los huevos (incluso algunos dicen que nunca los tuvo) y se vino a Peñarol. Así está el mundo, plagado de gente con ausencias biológicas.

Dale de comer a los peces,
El Preso

viernes, octubre 19, 2007

¿El Preso ha muerto?

Puede ser.

miércoles, octubre 03, 2007

No, mentira. Era broma.

Creo en el humor en todos los ámbitos de la vida, en todos los momentos de la vida. Salvo algunos, claro, porque para toda regla hay una excepción. Como dijo Gustavo Cerati. Y como estoy absolutamente convencido de que el humor (en su cuota justa) va a salvar al planeta, ando por los campos riéndome de todo. Me tomo el pelo, le tomo el pelo a los demás. Pero no con burla, ni con respeto, sino con humor. Sin herir, claro. Hacer humor implica una gran responsabilidad. Hay que saber “hasta dónde” y poder diferenciar “con esto sí, con esto no”. El día que pierda esa virtud tan pesada, no voy a hacer más humor.

Ahora bien, mi sistema de humor fulltime tiene un defecto. Yo presupongo que la otra persona sabe que estoy aplicando el humor a mis comentarios, pero muchas veces no es así. Entonces me encuentro ante una situación muy incómoda y que no se la deseo a nadie (bueno, a casi nadie). “Tengo que decirle que es humor, tengo que decirle que es humor”, pienso. Pero no se lo digo. Y me voy lamentándome: “Soy un nabo, no puedo decir más esas cosas. La gente las toma mal”. Y, mientras, la otra persona piensa: “Este imbécil quién se piensa que es”.

Por eso admiro muchísimo a aquellos que sistemáticamente, casi como un acto reflejo, largan un “¡Jaja! No, mentira. Era en broma”, después de cada comentario crítico-humorístico.

Qué bien, qué destreza. Me paro y aplaudo a esa gente. “Sos la peor persona del mundo. ¡No, mentira, era una joda! Jaja”. Tan sencillo…tan políticamente correcto…qué envidia (que no es lo mismo que “endibia” que es una verdura, dicho sea de paso, bastante evitable).

Por esto me comprometo, a partir de ahora, a pararme todas las mañanas frente al espejo y decir: “No, mentira. Era broma”, las veces que sea necesario. Doce o trece minutos. “No, mentira. Era broma”. “Peeero, Doctor González, no se me ponga así. Era una broma. Cómo voy a decir semejante disparate de una persona como usted”.

Le pido a Dios que me ayude en esta difícil tarea. Y a Pavlov (y a su perro, que en paz descanse. Dicen que un día unos pibes aprovecharon que Pavlov se había ido al baile, y dejó al perro sólo, y le pusieron cinta scotch al timbre. Qué desastre. “deshidratación”, sentenció el veterinario). Tengo que lograrlo. Yo puedo. Yo puedo.