viernes, septiembre 21, 2007

Sucursal de Hollywood

Yo creo que la vida está del otro lado de la puerta, fuera de casa. Vivir la vida sería salir los lunes de noche al teatro, el martes al cine, el miércoles de nuevo al teatro, el jueves a tomar algo con algunos amigos (o dama), el viernes salir a tomar algo con los primos (o dama), el sábado salir a tomar algo con otros amigos (o primos, o dama), y el domingo quedarse en casa a mirar Vidas (debido, claro está, a que ya no dan Policías en acción. Una gran pérdida).

Las mañanas deberían tener la misma ocupación. Los lunes, ir a comprar algo pertinente (siempre hay algo que comprar), los martes a una librería de libros usados y gastar 50 $ en dos o tres textos, los miércoles a comprar algo más (siempre hay algo más que comprar), los jueves a jugar al tenis, los viernes al supermercado (puntos dobles), el sábado a jugar al fútbol y el domingo levantarse a mirar la fórmula uno (o a perder el tiempo de otra forma que no sea ver “cartelitos de colores dando vueltas”).

Eso es la vida. Lo dice alguien que duerme todos los días hasta las doce del mediodía, luego va a la facultad, llega a su casa a las ocho de la noche y no sale de ella hasta el otro día a las doce.

Hay que salir al mundo, conocer, mirar. Pasan muchas cosas todo el tiempo como para quedarse en casa. Morir con la serenidad de haber vivido, significa haber estado en los acontecimientos sucedidos durante nuestra estancia en este planeta. Sólo así se puede estar tranquilo el día que llegue (o la lleguemos) la muerte.

Ahora mismo, en Uruguay, paraíso celulósico, tenemos algo que marcará claramente quienes están dispuestos a vivir la vida (según los conceptos que vengo manejando en el post) y quienes no. Hablo de Blindness, la película que se está rodando en Montevideo.

¿Somos conscientes de lo que tenemos? ¿Nos hemos dado cuenta de que tenemos a estrellas de Hollywood a 15 minutos en ómnibus? Es realmente único esto que nos está sucediendo. Millones de personas han muerto, y morirán, sin haber visto o tocado a actores norteamericanos. ¡Tenemos la gran oportunidad de nuestras vidas! Nuestros nietos estarán orgullosos cuando les digamos “Yo fui a ver cómo rodaban aquella película tan buena de principios de siglo…”.

Yo no fui, todavía. Y seguramente no vaya. O sí, quién sabe. Pero se lo recomiendo a todos. Sólo basta subirse a un bondi, pagar quince mangos, y tener un poco de paciencia.

Aprovechemos. Tenemos la oportunidad de ver el rodaje de una película que, con algo de fortuna, puede llegar a meterse en los Oscar. Seamos conscientes de lo que tenemos: un tesoro comercial, que, a fin de cuentas, son los únicos tesoros que importan. Y los que marcan la historia.

P.D: Aquí filman en escenarios naturales. Allá filman en estudios. Entonces, vivimos en un estudio. Qué país ridículo.

P.D.2: Resulta que hoy, viernes 21, era el último día del rodaje. Ya nadie puede ir. Ni yo.

domingo, septiembre 16, 2007

Esto pienso yo de Pergolini

Odio la gente que postea videos. Ya lo saben, ya lo he dicho. Sin embargo, una vez lo hice. Y ahora lo hago de nuevo.

Lo que pasa es que muchas veces tengo ganas de decir cosas, y, antes que yo pueda redactarlas, TVR las hace video. Esta canción "Pergolini vs. Marengo" salió hace un par de semanas, cuando Mario presentaba su nuevo show "El gen argentino". Los que no lo vieron, deléitense. Los que ya lo vieron, vuelvan a disfrutarlo.

Bueno, sin más rodeos, pongan play. El blog me da placer. Y postear este video, aunque nadie lo vea, también.

martes, septiembre 04, 2007

Cría cuervos...

Cuán atrás quedaron aquellas inocentes palomitas blancas. Aquellos simpáticos enanos de moña azul que correteaban por la calles montevideanas enarbolando los valores varelianos. Y los pibes con las manos sucias de jugar a la bolita, y las niñas cortándole el pelo a las barbis (eran “barbis”). ¿Dónde quedó la inocencia primitiva? ¿A dónde fue a parar el niño rústico, que le facilitaba la vida a sus padres, al que le tirabas una pelota y no jodia en todo el día? La simpleza de la niñez, hacer cuentas y comer caramelos.

Sin duda algo está cambiando. Algo nos está pasando. Algo que creíamos que sólo nos afectaba a los mayores (a los responsables, a los pensantes, a los sensibles, a los grandes) pero que, según pude comprobar, compete a todos. Relato el hecho fundante de este post.

Iba por la calle, hoy, primaveral día. Agacho la vista y me veo venir a una bandada de escolares. Todos ellos de túnica blanca (al menos, originalmente blanca). Los más prolijos llevaban moña. Algunos dejaban caer del cuello un par de cintas azules. Los más transgresores ni eso.
Como decía, iba por la calle. Escuchaba We’ll meet again en el mp3, pero de repente un grito se coló en ese delgado espacio que separa la oreja del audífono. Era uno de los niños que, con un placer expeditivo, entonaba: “Qué calooooooooor, oeoooooooooooo”. Para los desprevenidos, les cuento que se trata de un “tema” cumbianchero de Supermercado (véase la palabra “merca” disimulada) que se llama, precisamente, Qué calor.

Tenía siete años, máximo.

Poco queda por decir. El buen lector lo comprendió todo.

Ya perdimos a Artigas (¿desde que se escribió sobre él?), no quiero que también perdamos al Pericón. Aunque, pensándolo bien, no estaría mal hacerle algún retoque.