lunes, agosto 27, 2007

Soy famoso


Este humilde pero digno blog ha salido, con orgullo, en el diario El Observador, el día domingo 26 de agosto de 2007 (ayer). Más precisamente en el suplemento O2. El Preso Crático le agradece a la gente del periódico y aprovecha para decirle que no hay apuro para que me paguen por los derechos de autor.
Lo que publicaron fue el post titulado "La verdá de la feiná", que puede leerse en el archivo de marzo, o haciendo clik justo aquí http://laespadaenlapiedra88.blogspot.com/2007_03_01_archive.html

Ah, la foto es así de casera porque el inteligente servicio web de El Observador (http://www.elobservador.com.uy/) no permite que cualquiera pueda leer el suplemento. Cada vez más lejos de la democracia.

lunes, agosto 20, 2007

Tacho facho

El fin de semana pasado (en realidad el otro) estuve en Buenos Aires. Allí pude constatarme de varias extravagancias. Una de ellas es la particular cultura de los tacheros bonaerenses. No son como los de acá, sucios e ignorantes. Son superiores, en cantidad y calidad. Hice tres viajes en taxi, y en cada uno de ellos ocurrió algún hecho insólito. El primero hacía chistes, sin parar, uno atrás del otro, y él mismo se reía de sus ocurrencias. Cuando notaba que yo no compartía su opinión con respecto a la jocosidad de su relato, repetía el final, todas las veces que sea necesario. Incluso algunos me los explicaba. Inmediatamente yo ponía una de esas sonrisas falsas, que me salen tan bien, para que el humorista crea que consiguió lo que buscaba, mi risa, y calle.

Otro taxista se quejaba de los impuestos. Y creo que llegó a decir algo como: “En cualquier momento nos van a cobrar impuestos por el sol. Van a poner una cortinita y si no pagás te la bajan y te quedás sin sol”. El tipo creía que estaba diciendo algo gracioso y ponía tono canchero, pero verdaderamente no lo era.

El tercer viaje fue el más surreal. Mi padre y yo nos subimos al taxi. Él ocupó el asiento de adelante y yo el de atrás, cumpliendo con los órdenes jerárquicos de la cultura familiar occidental. Como sospecharán, prefiero no hablar con los taxistas, por el mero hecho de que me aburre. Además del pronóstico del tiempo me entero en el informativo y que los políticos son todos unos ladrones ya lo sé.

Sin embargo, desconociendo quizá mi preferencia, mi padre lanza un polémico: “¿Y, amigo? ¿Cómo anda la cosa?”. Cómo se imaginarán, esa provocativa frase dio comienzo a una amable conversaciones entre ellos. Yo trataba de no escuchar, pero aún no he conseguido la habilidad de bloquear herméticamente mis oídos sin la ayuda de objetos extranjeros. A la vez, fingía que miraba por la venta (en realidad miraba por la ventana. Fingir que se mira por la ventana es imposible), hasta que en un momento la cosa se puso interesante.

La conversación ya entraba en temas escabrosos, como la delincuencia y lo perdida que está la juventud. No, el aborto no, porque estábamos en Argentina, un sitio donde el presidente no amenaza con vetar al pueblo diluyendo así la posibilidad del diálogo. Fue entonces que el taxista dijo una frase extraordinaria: “Mire, para mí, hay que poner a los militares en la calle. Ahí se acaban los drogaditos y eso. Se acaba todo”.

Ríase. Luego razone. Entonces preocúpese.

viernes, agosto 03, 2007

El libro de los valores

Lo que nos faltaba. Un nuevo elemento de adoctrinamiento moral amenaza la libertad de nuestro pueblo. No, no estoy hablando del programa de Victoria Rodríguez. Se trata de “El libro de los valores”, un nuevo suplemento que viene con El País, e intenta definir las mentes de nuestros niños.

Y seguramente lo logre, por el mero hecho de que somos pelotudos. Los extranjeros nos tienen por respetuoso, educados y amables (salvo los gallegos, que hace rato nos sacaron la ficha). Pero nosotros sabemos que en el fondo también somos aburridos, perezosos, pesimistas (yo no) y envidiosos. Será de tanto tomar mate, qué sé yo

Sin embargo, detrás de todas estas denominaciones aparece un concepto más amplio y claro: somos unos pelotudos. Ojo, no “pelotudos” en el sentido que lo diría Escanlar, “pelotudos” en tanto que decimos que sí a todo, y sin chistar. Somos fáciles de domesticar. Y la gente de El País lo tiene tan claro que saca un fascículo (gran palabra) que detalla los principios que deben regir en el comportamiento del perfecto uruguayo.

¡Por Dios! ¿Quiénes son estos tipos para venir a decir qué cosas están bien y qué cosas están mal, qué debemos hacer y qué no? ¿A dónde va a ir a para la democracia y la libertad de pensamiento? Seguramente el cometido último sea formar pequeños blanquitos que aseguren, en un futuro, el ascenso al poder del Partido Nacional. Bueno, en realidad ese es el cometido último de todos los artículos de El País.

De todos modos, no hay que olvidar al Nico, otro que se metió con el tema de la moral (arbusto del que crecen las moras) y justificó nuestros vicios. Así que, padres, si van a leerle a sus hijos “El libro de los valores” no deje de leerle también “El Príncipe”. Digo, para que ya de chiquitos sepan cómo hay que manejarse en este mundo para triunfar.