miércoles, marzo 28, 2007

La verdá de la feiná

Este post, tiene un compromiso social fortísimo. Está absolutamente alejado de la frivolidad que solía, en tiempos remotos, caracterizar a este blog. Hoy, yo, El Preso Crático, orgullo de mi país, voy a demostrar que a los uruguayos (conjunto de habitantes que viven cerca de Argentina) no les gusta el fainá.

Si realmente se tratase de un producto agradable para nuestras papilas gustativas (no estoy hablando en griego, “papilas gustativas” es castellano. Lo juro.), no lo pediríamos “de orilla” (u orillo) esperando una pequeñísima porción, sino que exigiríamos grandes cantidades. Como pasa cuando vamos a la heladería y miramos, con esperanza primero y con odio después, a la heladera (en el sentido humano de la palabra) que sirve poco helado. O cuando pedimos fritas, y nos traen solamente un puñado.

El 99,9 % de los seres humanos pedimos el fainá “finito, por favor” lo que ya demuestra que algo anda mal. Es muy raro escuchar a alguien pedir una porción (y eso que odio la palabra “porción”) “finita” de torta de chocolate. Al menos que se trate de rubias, o gente que ya se partió la boca con los salados. Porque al hombre, así de político como se lo ve, le encanta empacharse como un cerdo con los manjares (y no tanto) que se le ofrece. Y entonces, pero sólo entonces, le pide al mozo “si no es tan amable y me envuelve las sobras”.

Obtener, de la misma cantidad de dinero, el máximo beneficio (aunque sea un cacho de fainá frío y aceitoso) forma parte de la tradición nacional. Yo entiendo que hace rato que no vivimos en el país de la Pepsi a diez mangos, pero podríamos eliminar esto de nuestra lista de acciones atrevidas que componen el Manual de la viveza criolla.

Ahora bien, lo que sí es rico es esa lámina fina de pasta amarillenta-negrusca (que vaya a saber uno con qué la hacen) carbonizada y salada. Pero, al fin y al cabo, si algo tiene que estar totalmente chamuscado y salado no debe ser tan agradable. Nada que necesite de los errores humanos puede ser tan agradable.

Hasta aquí llegó mi labor. Me atreví a decir lo que todos piensan, pero por miedo a represalias militares, no dicen. Ese inconsciente colectivo que a todos nos involucra. Y me convierto, entonces, en paladín de la justicia, en héroe patrio, en la voz del pueblo, en el Mujica de la gastronomía, y viva el Partido Nacional, carajo!

lunes, marzo 19, 2007

De más y De menos



Los De más y De menos censurados por Galería hoy ven la luz.


DE MÁS:

Marina Arismendi
Guichón
Ir a tomar mate a la rambla
Tener un tatuaje con la cara de tu novio/a
Ser hincha de Cerro
Los Ricarditos
Ir, los sábados, a De igual a igual
La moda Juan Ramón Carrasco
El jabón Bull Dog
Saludar a alguien diciendo “Buenooo”
Milton Wynants
Salir saludando atrás de cámara cuando entrevistan a alguien por la calle.
La iguana Mary
El Uvita rosado
Sábado Show
DE MENOS:
Mónica Bottero
Búsqueda
Los V3 violetas rayados
Ir al spa sólo una hora por día
No tener helipuerto en la azotea de tu casa de Punta
No usar lentes de publicista (armazón negra y cuadrados)
Darle de comer salmón al perro sólo una vez por semana
Olvidarse de maquillarse antes de irse a dormir
Carlos Tanco
Que tu Mercedes esté bañado en plata y no en oro
Elton John, y su esposo
Irse de vacaciones a la casa de un amigo diplomático de tu marido en Palma de Mallorca.
No salir en los Sociales de Galería
Trabajar en Galería y tener cerebro
Todo el staff de Galería
Los lectores de Galería

jueves, marzo 08, 2007

Crónica de una visita indeseada


Bush, el tonto, vendrá al Uruguay (ese país que en el siglo XXI planea seguir desarrollándose con la exportación de ovejitas y arroz) en las próximas horas. Eso ha creado un áspero ambiente en la sociedad montevideana (que es prácticamente como decir “uruguaya”, porque Uruguay es Montevideo) que se divide entre los pro Bush y los anti Bush. En realidad nadie es pro Bush, o nadie se atreve a declararlo, pero están aquellos tontos que se esclavizan con las grasas saturadas de las Big Mac y reclaman la necesidad de que los mandatarios conversen y lleguen a acuerdos que mejoren nuestra situación económica. Aunque jamás he visto a un mendigo convertirse en millonario por que mejore la situación económica

Digamos que el pueblo ya está un poco adobado debido a las responsables (y sinceras, por qué no) palabras de la Ministra de Desarrollo Social, Marina Arismendi, quién dijo que Bush es un “execrable genocida”. Pero gracias a Dios luego aclaró que aquello lo había dicho como ciudadana y no como ministra. Siempre he admirado el grado de esquizofrenia de los políticos uruguayos.

Y los enemigos (la porteñada, claro) nos quieren hacer la competencia y planean llevar a cabo un “acto antiimperialista”. Habría que avisarles que Julio César y Bonaparte ya están muertos. Allí acudirían los inteligentes que gobiernan países hundidos, en señal de protesta contra la visita de Bush, el tonto, que, dicho sea de paso, gobierna la mayor potencia mundial. Y ya va en su segundo período, el tono. Ese acto promete ser tan lleno de humildad y seriedad como el que hace poquito hizo el Presidente. Ese en que habló (leyó) tres horas sobre lo bien que estaba gobernando.

En medio de todo este paisaje cuasikafkiano, sobrevuelan nuestro cielo un enjambre de aviones que depositaron cerca de 2000 soldados en nuestra tierra. Y sin ninguna autorización del Parlamento. Casi una invasión, digamos, lo que inevitablemente me lleva a suponer que estamos en guerra, o que debajo de mis pies hay petróleo, o que tengo en el ropero algún arma de destrucción masiva, qué sé yo.

Será que tendría razón, aquel pintoresco hombre, cuando dijo: “Los argentinos son todos una manga de ladrones del primero al último”. Será que lo dijo como ciudadano, y no como presidente.

A veces, cuando me pongo a mirar bien de cerca, me doy cuenta de que somos lamentables. Los uruguayos, los sudamericanos, los hombres. Pero especialmente los uruguayos. Incluso este post es, sin lugar a dudas, símbolo de la decadencia nacional.

Y, por si aún quedaba algún escéptico, Franco volvió a Peñarol.

lunes, marzo 05, 2007

El post de la vuelta a clases

La vuelta a clases amerita un post. No estoy inspirado, no sé cómo hacerlo ni quiero pensar. Pero es tan pero tan terrible lo que va a suceder el próximo 5 de marzo (¡ay!) que merece ser comentado en este blog. Escribo lento y pausado. Con dedos que ya sufren la sobrecarga muscular que tendrán en horas (¡ay!) nada más. Levantarse antes de las dos (¡ay!), caminar ciento setenta mil cuadras (¡ay!), saludar con falsas sonrisas a los compañeros y preguntar a todos “¿Qué hiciste en el verano?” (¡ay!), sentarme en los bancos (ojalá que no me toque el de respaldo chico) (¡ay!), primero hacer que escucho y luego realmente escuchar al profesor (¡ay!) y, como si todo eso fuera poco, sacar apuntes.

Cómo odio sacar apuntes los primeros días de clase. Lo odio tanto como a la expresión “sacar apuntes”. Uno ya se olvidó cómo se agarra la lapicera. La mano viene de dos meses de inactividad. Destapaba botellas, a lo sumo, o clavaba sombrillas. Pero escribir, jamás. Si no, no sería verano.

La mente tampoco está preparada. Lo único que memorizó en los últimos meses fue teléfonos de señoritas. ¿Razonar? Eso si que no. No hice nada que se pueda asemejar a razonar. Es que, en gran parte, eso son las vacaciones. Período de tiempo aprovechado por el estudiante para olvidarse absolutamente de todo lo que aprendió desde que nació y dormir como un cerdo a la sombra de los árboles. Qué cosa linda, las vacaciones de los uruguayos. Tan uruguayas.

Estoy tan shokeado por el inminente comienzo de clases que ni siquiera lo acepto. Ni una goma de borrar me compré. Con suerte llevo mochila, el lunes. Estoy destrozado, por culpa de las vacaciones. Y si no fuera por el fin de las clases, entonces nunca hubiera empezado ese camino hacia la perdición y la vagancia denominado “vacación”.

Arribo así, muy entusiasmado, a la lógica conclusión de que el mejor modo de evitar esa amarga sensación de la vuelta clases, es no terminar nunca.